RESEÑA HISTÓRICA

En 1987 el misionero norteamericano Benjamin Lafon, se encargaba del ministerio televisivo “EL Club 700” en el Ecuador. Este ministerio daba consejería a las personas que llamaban después del programa de TV. Luego de un tiempo,

En 1989, por petición del misionero Benjamín Lafon, el pastor Edison Campaña vino al Ecuador para pastorear a un grupo de personas que se habían familiarizado con el ministerio televisivo del “Club 700”, ministerio a cargo del misionero Lafon. le pidieron al misionero Lafon que los reúna para darles prédicas y charlas. Así comenzó lo que sería la Iglesia Cristiana Betesda, con un pequeño grupo de personas que se reunían en una casita ubicada en la Ciudadela Jipijapa familiarizadas con el “Club 700”.

En 1990 con la ayuda de un grupo de 70 personas que ya asistían a la iglesia, el pastor Edison compró un terreno ubicado en la Selva Alegre y Montes, donde se construyó un templo para la Iglesia Cristiana Betesda, y donde estamos hasta el día de hoy.

La Iglesia Cristiana Betesda (Casa de Misericordia) se ha extendido siguiendo la visión “Predicar el evangelio y ganar a Quito y Ecuador para Cristo” a través de tener una iglesia en cada capital de provincia. Con este fin en mente, el pastor Edison ha hecho todos los esfuerzos por hacer discípulos y pastores, para abrir filiales o iglesias anexas, donde ha sido posible. A partir de 1991 se fundó la Iglesia Betesda del Valle, en San Rafael, donde se compró también un terreno. Luego en años siguientes se han abierto las iglesias de Mira, en el Carchi; Betesda Casa de Luz, en Santa Lucía; Betesda Pedernales, en Pedernales; Betesda Machachi; Betesda Tabacundo; Betesda Chone; Betesda La Tola, y Betesda Las Peñas en Esmeraldas, y nuestra iglesia fraterna Centro Cristiano de Ibarra.

Sabiendo que Dios quiere la extensión del Reino de Dios en todo el Ecuador y el mundo, seguimos adelante con nuestra Visión de “Ganar a Quito y Ecuador para Cristo “ y con nuestra Misión “ Hacer discípulos a través de la multiplicación de las células”. Con la plena confianza de que Dios es quien nos sustenta, y que si El comenzó en nosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.

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